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Si no hay justicia... hay Funa

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Reclamo público

Enviado por Renné el jueves, mayo 29, 2008 a las 14:46
Renné

Hace un par de días me encontré con conocido que jamás dejo de ser solo eso, él cree que si termina con su pareja y llega a mi le diré que si, aunque le he dicho en varios tonos que no me gusta, el punto es que cada cierto tiempo me encuentro con él en la calle y eso no lo puedo evitar está fuera de todo mi control.

 

Tal cual así, me encontré con él el otro día, conversamos, y de tanto en tanto con felicidad me abrazaba, mientras nos poníamos al día, todo muy respetuoso en el marco de estar en el metro en horario “pic”.

 

Cuando ya se despidió de mi, pues ambos debíamos hacer, sale con que me da un beso en la boca, eso no me molesta, los besos robados son lejos lo mejor que hay, pero no con lengua, guajh!! Como es eso?? Qué le pasa? Por qué? Que se cree? Todas estas preguntas se gatillaron en fracción de segundos, recorrieron mi brazo, mi muñeca y mis dedos, que explotó en flor de charchazo. Pocas veces me pongo violenta pero cuando la cosa ya es mojada, de sopetón y más encima sin autorización, me indigno con violencia.

He dicho!

 

 

 


Picología!

Enviado por Renné el lunes, mayo 19, 2008 a las 12:10
Renné

Llegó el momento de funar a este hombre, hace un par de años, yo figuraba en una depresión muy grande, la más grande de mi vida, y no sabía que hacer, pues visité a mi sicóloga de planta y ella me derivó a un siquiatra, OK, dije yo, pero en lo más profundo de mi ser sabía que podía necesitar cualquier cosa menos un siquiatra, tenía amigos en ese tiempo que tomaban pastillas para dormir, para despertar, para comer, para la ansiedad, para vivir!, y claramente eso estaba lejos de lo que yo quería.

 

No sé como fue todo el asunto pero llegué a la consulta de este hombre, alto, guapo, un poco canoso, y con una calma y calor impresionante, empezamos con una conversación bien rápida, datos, contextos, cosas para mi sin importancia, me preguntó la razón de mi llegada a su consulta y yo aparte de decirle que estaba deprimida le dije que tenía pánico de no poder terminar un proyecto en el que me había embarcado, él habló de metas, de fechas, de precios, de estados de ánimo y de lo que él necesitaba para empezar a trabajar en mi “caso”

 

Así fue como pasaban los meses y él descubrió lo mucho que me gusta la fotografía, conversábamos de fotografía, de computación, incluso le hice un par de clases, todo aun parecía muy profesional. Yo sabía que era común enamorarse del psicólogo, pero me parecía raro que él mirara a veces más de la cuenta, claro que me culpé, incluso pensé que era yo la que me imaginaba cosas, tratando de mantenerme muy alejada de él. Hasta que un día hablando de fotografías empezó un juego tan delicioso entre nosotros, que terminamos comiendo juntos en un restauran al aire libre, con velas, linda iluminación, un par de tragos, fue maravilloso, un par de besos y la rueda empezó a girar más rápido de lo que cualquiera de los dos podía manejar.

 

Él me conocía, pero yo no a él. Me tenía convencida que era yo la que más lo conocía, él sabía qué decir, cuándo decirlo, cómo decirlo, dónde decirlo, recuerden que tenía información clasificada y no dudó en usarla para su beneficio.  Con la convicción en mi sangre de que éramos tal para cual, pasaron meses, hacíamos el amor, calzábamos perfecto, teníamos ritmos parecidos, y dudé realmente de todos mis valores, él casado, con hijos… me sentía como esas minas que llaman a los programas de amor de las radios, y la tv, me sentía ridícula pero no quería salir del circulo aquel, sabía que jamás dejaría a su familia, sabía todo lo que estaba sucediendo pero me negué rotundamente a salir de ahí… al tiempo decidimos que viajaríamos, para estar solos solos solos, viaje que no se concretó… porque en una conversación me dijo “tu no me conoces” y fue la frase que me permitió ver la realidad, nunca más lo llamé y él tampoco, hasta este viernes recién pasado… no hablé con él ni pienso hacerlo, raro lo que hoy acontece, me quedó debiendo dinero, y la conclusión de la terapia, siempre me he quedado con la duda de si fue intencional, o simplemente fue sincero y se le escapó de las manos toda la situación, será recurrente este actuar en él? En todo caso nunca debimos empezar a chatear, ni salir… tal como él me enseñó una cosa lleva a la otra!

 


Exceso de Testosterona

Enviado por Magnolia el martes, mayo 06, 2008 a las 10:24
Magnolia

A estas altura es un lugar común eso de las mujeres y sus amigos gays, pero es un tema que siempre vale la pena abordar. Supongo que hay mujeres que no han tenido la fortuna de encontrar al suyo, y hasta podría llegar a pensar que hay mujeres homofóbicas. Yo soy de las afortunadas, y mucho: no tengo uno sólo sino varios. Sólo contadas excepciones son "locas" o siquiera afeminados. Mis amigos gays son bien varoniles e incluso guapos, y no me refiero a cuerpos esculpidos y vestuario fashion, sino a virilmente guapos. Pero no sólo eso, además son inteligentes y sensibles, de conversación interesante y de buenos sentimientos. Pasar tiempo con alguno de mis amigos gays es una completa delicia, sobre todo porque podemos hacernos cariño y hasta dormir cucharita sin mayores consecuencias. ¿Por qué me gusta tanto tener amigos gays? Más de una vez me lo he preguntado. Siempre pensé que es porque, si bien son hombres - es indiscutible que lo son - tienen también lo mejor del alma femenina. Pero hay también razones más básicas, que descubrí casualmente hace unos días. Salimos en grupo: dos parejas estables gays; otros dos que estaban juntos hace poco; dos hombres heterosexuales un poco borrachos y dos mujeres heterosexuales. Todos bailábamos felices, pero los machitos tendían a romper la armonía... hablaban fuerte, trataban de agarrarnos constantemente, interpretaban cualquier movimiento de cadera como una insinuación y eran los únicos que babeaban cada vez que mi amiga y yo bailábamos juntas. "Por favor, finge que te gustan las mujeres", le pedí al oído a uno de mis amigos, cuando caí en la cuenta que estaba bailando casi arrinconada, como en la más adolescente de las fiestas. Sólo así pude bailar relajadamente, ante la mirada perpleja pero aún media vidriosa de los perseguidores, que optaron por hacerle un sanguchito "sexy" (!) a mi amiga, menos avispada. Ahí caí en la cuenta, de cuánto mejor lo hubieramos pasado sin ellos.

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