Quien iba a decir que este dizque escritor, que siempre enarbolaba su supuesta superioridad intelectual, abandonaría su pose de poeta maldito, construida a base de tanta misoginia, nada más y nada menos que por la ñoñería del Día de los Enamorados. Pero sí, tenía su corazoncito, y se le hacía cuesta arriba enfrentar un 14 de febrero solitario. Yo, por mi parte, estrenaba una reciente lucidez tomando distancia para evitar el maltrato persistente y sutil a que me venía exponiendo desde hacía un mes y medio. Sin embargo, no fui inmune a su insistencia ese día para que fuera a verlo a su departamento. Después de todo, existía la esperanza de que él realmente fuera el dulce personaje que yo había conocido, y no el mostruo soberbio en el que se había trasformado con el correr de los días y de quién sabe qué turbios hechos. Cabía la posibilidad de ser felices. Así que fui.
Esteban cocinó para mí, cenamos a la luz de las velas, bailamos románticamente, tuvimos sexo, dormimos cucharita, despertamos abrazados, me llevó desayuno a la cama, me bañó delicadamente y nos despedimos con besos y promesas antes de ir cada cual a su trabajo. Es más. Después del trabajo nos citamos para ir al cine y tomar un café. Es decir, el menú completo de un 14 de febrero. Un día y medio de los enamorados. Y todo parecía indicar que sí, que él era realmente el que yo pensaba.
Al día siguiente, con el regusto azucarado de esa jornada todavía en los labios, visité su blog, como usualmente hacía. Y visité los blogs que se linkeaban desde su página. Su amiga Valeria había escrito sobre el 14 de febrero unos días antes, de cómo, por idiota que sea la conmemoración, igual nos sentimos presionados. Y entre los comentarios, uno de Esteban, de mi dulce, de mi romántico Esteban: "A mi nadie me regaló una flor ni chocolates... Hubiese querido al menos un wantán o una invitación a cenar un completo al paso en el Portal Fernández Concha, un durazno de carrito o que me invitaran a tomar un vaso de mote con huesillos. Me conformé exclusivamente con mi almohada, una novela maravillosa y un par de latas de cerveza.
besos y vale valeria"


La red
Si no existiese este mundo (virtual) tan deliciosamente facil de recorrer nunca te habrías enterado lo que este personaje dijo... lo que quiere decir que ya no es tan fácil decir cualquier cosa en el cyberespacio, y lo que además debe tener estresados a más hombres por la propia incapacidad de hacerse cargo de lo hacen y dicen... patúo el perla!!!