A estas altura es un lugar común eso de las mujeres y sus amigos gays, pero es un tema que siempre vale la pena abordar. Supongo que hay mujeres que no han tenido la fortuna de encontrar al suyo, y hasta podría llegar a pensar que hay mujeres homofóbicas. Yo soy de las afortunadas, y mucho: no tengo uno sólo sino varios. Sólo contadas excepciones son "locas" o siquiera afeminados. Mis amigos gays son bien varoniles e incluso guapos, y no me refiero a cuerpos esculpidos y vestuario fashion, sino a virilmente guapos. Pero no sólo eso, además son inteligentes y sensibles, de conversación interesante y de buenos sentimientos. Pasar tiempo con alguno de mis amigos gays es una completa delicia, sobre todo porque podemos hacernos cariño y hasta dormir cucharita sin mayores consecuencias. ¿Por qué me gusta tanto tener amigos gays? Más de una vez me lo he preguntado. Siempre pensé que es porque, si bien son hombres - es indiscutible que lo son - tienen también lo mejor del alma femenina. Pero hay también razones más básicas, que descubrí casualmente hace unos días. Salimos en grupo: dos parejas estables gays; otros dos que estaban juntos hace poco; dos hombres heterosexuales un poco borrachos y dos mujeres heterosexuales. Todos bailábamos felices, pero los machitos tendían a romper la armonía... hablaban fuerte, trataban de agarrarnos constantemente, interpretaban cualquier movimiento de cadera como una insinuación y eran los únicos que babeaban cada vez que mi amiga y yo bailábamos juntas. "Por favor, finge que te gustan las mujeres", le pedí al oído a uno de mis amigos, cuando caí en la cuenta que estaba bailando casi arrinconada, como en la más adolescente de las fiestas. Sólo así pude bailar relajadamente, ante la mirada perpleja pero aún media vidriosa de los perseguidores, que optaron por hacerle un sanguchito "sexy" (!) a mi amiga, menos avispada. Ahí caí en la cuenta, de cuánto mejor lo hubieramos pasado sin ellos.

